ENTREVISTA A ANTHONY BLAKE

“PREFIERO AL MAGO ENMASCARADO QUE A ESOS NIÑATOS QUE AHORA HACEN MAGIA EN TELEVISIÓN”

“Nacido para provocar”. Así se define el propio Anthony Blake (Oviedo, 1955) en su último espectáculo. Y esta conversación con él da fe de ello. Polémico (a ratos), pasional (siempre), pionero indiscutible en el auge que vive el mentalismo en España. En su show Más allá de la Imaginación (en Madrid, hasta el próximo 2 de febrero), Blake recupera números que llevaba años sin llevar a escena, en un teatro de pequeñas dimensiones. Mentalismo que se puede tocar. ¿Su futuro a corto plazo? Volver a la televisión pero fuera de España. En Miami, quizás. Su nombre es Blake. Ya saben: no le den más vueltas.

 

P.- ¿Por qué un espectáculo como ‘Más allá de la Imaginación’, con menos público, más minimalista…?

R.- Fundamentalmente, porque Más Allá de la Imaginación me permite jugar con un estilo que a mí me gusta mucho en música: el jazz. Es decir, una composición de un autor a la que sus músicos se van sumando interpretando a su aire, sin perder el ritmo, el tempo y el timming, encajando perfectamente dentro de la historia.

En mi caso, hace unos meses, repasando juegos, encuentro que tengo un repertorio muy, muy amplio y que algunas cosas las he dejado de hacer porque cada año incorporo 80-100 números nuevos. Y algunas son de hace 15, 20 o 25 años. Así que me planteé: con todo este repertorio que tengo delante, puedo dejar que sea el público el que marque la directriz del espectáculo.

Es decir, yo empiezo tocando una melodía, que dura unos 7-10 minutos. En ese tiempo, dejo que el público exprese qué es lo que más le gusta. Una vez que tengo claro eso, empiezo a jugar por ese territorio: que le gustan las predicciones, vamos por ahí; que la telekinesia, doblamos cucharillas; etcétera. Cada público se mueve de una manera y eso me obliga a reinterpretar la melodía en cada ocasión.

P.- ¿Podríamos hablar de un espectáculo casi experimental?

R.- No, en el sentido de que todo está probado y testado. Todo lo que yo hago en el escenario lo he probado, al menos, una cincuentena de veces. No son números nuevos, ni es un experimento, ni va a fallar… Pero sí es nuevo el concepto, en cuanto que deja que el público marque el ritmo y en que  es un espectáculo con la menor cantidad posible de material. En la mesa que tengo en escena hay cuatro o cinco espectáculos diferentes. Dependiendo de por dónde vaya el espectador, el espectáculo va por un lado o por otro. Si después de haberme visto un día, tú vuelves otro día cualquiera, vas a ver, al menos, un espectáculo nuevo en un 75%. Cada día, el espectáculo es diferente al día anterior.

P.- ¿Qué crees que le llega más al espectador: un espectáculo con formato más cercano o uno de escena más convencional?

R.- Son dos cosas distintas. Por ejemplo, mi espectáculo del año pasado, “No Vengas Solo, tiene un planteamiento global como obra: el miedo. Mi espectáculo de ahora está pensado, sin embargo, para un teatro de menores dimensiones [150 butacas]. Siendo 100% interactivo, como todos los espectáculos, la proximidad del público obliga a tocar cosas más de cada día, más de algo que, teniendo un guión, no tiene un guión. Nadie tiene en su vida dos días iguales, por lo tanto, aquí tampoco va a haber nunca dos días iguales.

La proximidad del público me permite hacer muchos números que no se podrían hacer en un teatro de grandes dimensiones, porque los espectadores de las últimas filas ni se enterarían de lo que está ocurriendo y, como consecuencia de eso, se desconectarían.

Los espacios son muy distintos. Son dos conceptos distintos. El uno me apetece mucho porque es una obra teatralizada. Es devolverle al mentalismo, al ilusionismo, a la magia de la mente el espacio del que nunca debió salir, que es el escenario. Cuando haces una obra teatralizada, mantienes al público pendiente de un argumento claro. Mientras que espectáculos como ‘Más allá de la imaginación’, como el argumento me lo van dando los espectadores, entra a formar parte de sus vidas. Digamos que es más íntimo.

P.- ¿Cómo estructuras tus espectáculos? ¿Qué criterios sigues?

R.- En un espectáculo de este tipo, para que funcione, hay que seguir las tres famosas reglas de las que en la Escuela Mágica de Madrid se habló durante años y de las que que Arturo de Ascanio era el maestro, siguiendo naturalmente a otros como Slydini o Dai Vernon. Los conceptos de ritmo, tempo y timming. Con estos tres conceptos, y utilizando los paréntesis de olvido de manera adecuada, el espectador, al bajar del escenario y volver a su butaca, sólo recuerda la última parte, que es la imposible. El paréntesis de olvido es algo que utilizo a diario.

Si no fuera por los paréntesis de olvido, no podría hacer determinadas cosas que rozan la doble realidad, por ejemplo. Cuando hago efectos que usan este tipo de técnica, la doble realidad se apoya inmediatamente después en un paréntesis de olvido y, a continuación, incluyo otro efecto potente, fuerte y bien estructurado, de forma que todo el recuerdo anterior se desfigura y se transfigura. Con lo cual, el espectador sólo recuerda que le has leído la mente y el público alucina en colores.

[Blake interrumpe la entrevista y hace uno de sus efectos clásicos: escribe algo en una tarjeta, pide al entrevistador que diga en alto un número del 1 al 1.000 y gira la tarjeta para mostrar que el número nombrado es el que el mentalista ya había escrito].

 En un efecto como este, hay que establecer una relación con el espectador. Y una vez establecida, hay que crear un punto, un espacio común que podamos compartir. En este caso, el número. La continuación inmediatamente siguiente es: ¿por qué motivo te ha venido eso a la cabeza? Tempo suficiente para todo lo que hay que hacer. Pregunta obnubilante, paréntesis de olvido, etcétera, etcétera… ¡Es que es Ascanio 100%! En un efecto aparentemente tan sencillo…

P.- ¿Cuáles son las tres personas que más han influido en tu formación, en tu manera de entender la magia, y por qué?

R.- El primero de todos, Juanito Antón, un hombre absolutamente adorable, excepcional personaje y gracioso como él solo. Era socio de José Luis Ballesteros en la tienda de Magia Estudio y, cuando yo llegué a Madrid por primera vez, le dije que me gustaba mucho el mentalismo (yo acababa de hacer unos cursos de control mental y aquello despertó mi interés) y me respondió: “Si te vas a dedicar al mentalismo, toma estos dos libros. Ya me los pagarás”.

P.- ¿Y cuáles fueron esos libros?

R.- Los 13 escalones del Mentalismo de Corinda, en inglés, y el Practical Mental Effects de Annemann. El que no se lea esos dos libros, no los entienda y no los interprete se está perdiendo, con todos mis respetos, una información básica para quien se quiera dedicar al mentalismo. ¿Por qué? Porque Corinda en sus 13 Escalones toca todas y cada una de las especialidades que pueda haber en el mentalismo y cómo aprender a jugar con ello, aunque esté escrito en un inglés terrible, de los años 60, académico, cursi.

Y en el caso del Practical Mental Effects, porque Theo Annemann todo lo que publicó, todo sin excepción, y estoy hablando de cuatro tomos de su revista Jinx, todo lo hizo él y todo lo probó, como mínimo, tres veces. Es decir, todos los números que vienen en esas publicaciones funcionan. Todo depende de cómo te lo montes y de las horas que estés dispuesto a ensayar y a recuperar un montón de técnicas que siempre pertenecieron al mentalismo y a la magia y que, en los últimos años, se han abandonado por facilitar el mentalismo y por aquello de que si el mentalismo falla, no pasa nada. ¡Cómo que no pasa nada!

P.- O sea, que no eres partidario del fallo para hacer el mentalismo más creíble…

R.- No. Sólo del fallo controlado. Es decir, si un espectador mide 1.82 tú puedes decir que mide 1.83 o 1.81 y discutir ese centímetro y provocar una gracia y una risa. Pero hay otras cosas en las que no puedes fallar. Y eso es la catalogación de los números que cada uno defiende. En un espectáculo de mentalismo, como en uno de magia, no debe fallar ni un solo efecto, porque entonces se convierte en un mero truco. Da igual que sea mentalismo, manipulación, grandes ilusiones o magia de salón: no te puede fallar un efecto. No puedes tener la calentura de sacar al escenario un efecto que te puede fallar. Eso es demencial. Estás engañando a la gente que te está viendo, con lo que cuesta llenar un teatro y más con el 21% de IVA que nos aplican ahora.

P.- Hablabas de Juanito Antón como una de las personas que más han influido en tu formación mágica. ¿Qué otras dos destacarías?

R.- Otra persona sería Joseph Dunninger. Fue el primero que hizo mentalismo en radio y televisión y el auténtico inventor de la doble realidad. Estamos hablando de los años 30, 40 y 50, donde Joseph Dunninger brilla con una soltura, con unas formas, con unos modales, con esa mano siempre metida en el bolsillo… Cuando llegaba su número de Preguntas y Respuestas, la gente flipaba. Hay que tener mucha clase, mucho estilo y muchísimas tablas, muchísimas.

Y luego, sin ninguna duda, Tamariz. Él es el primero que me sienta en una mesa, tras un Congreso Mágico Nacional en Oviedo, y me hace un número que yo no daba crédito a lo que estaba viendo. Y yo llevaba desde los siete años dándole a la magia… Él es el que me empieza a recomendar los textos que debo de leer y con los que yo empiezo a tener otro punto de vista diferente dentro de la magia y, como consecuencia, a poder proyectar lo que ahora mismo soy. El primero que me acercó a Arturo de Ascanio fue Juan. De la misma manera que uno de los primeros libros que también me recomendó que me leyera Juanito Antón fue el Art of Close-Up Magic de Lewis Ganson, los dos tomos. Y es que ahí hay tanta densidad de magia y de concepto mágico… Porque la mayor parte de los libros escritos en esa época tienen un montón de filosofía implícita entre líneas. Leer cómo se elabora un juego completo, que te cuenten todos los elementos de pensamiento que incluye…

P.- Entiendo, entonces, que prefieres los libros a los vídeos…    

R.- Sin duda. Leer implica algo que la época en la que estamos es terrible, porque ahora todo el mundo ve vídeos. Con lo cual hay un mimetismo con el personaje del vídeo que no te quiero ni contar… Yo, todo los años, recibo 40-50 vídeos: los pongo una vez y, según los voy viendo, tomo mis notas. Esas notas van dentro del vídeo y la película a la videoteca. Y no lo vuelvo a ver. Si luego lo necesito, abro la carátula, saco las notas y, de lo que recuerdo haber visto, monto, organizo o hago algo nuevo, si es que me interesa.

Yo todo lo que soy lo soy gracias a mis libros. Porque cada vez que yo leía un número y el número me gustaba, yo me ponía como protagonista de ese número. Y ahí empecé a crear o recrear.

P.- ¿Cómo ves el panorama actual de la magia, en especial en España?

R.- [Blake resopla] En televisión, ahora mismo, está hecho una auténtica basura por todos los sitios. Me han ofrecido todo lo habido y por haber en estos años que llevo sin salir en el medio y, en un 99% de las veces, he dicho que no porque, en ese momento, en la programación interesaba mucho más la basura que cualquier historia. Meterte en un programa para asegurarte que te vas a dar un guantazo, pues no.

Y no quiero ser tan ambicioso como los últimos que estuvieron haciendo un programa de televisión [Sin citarlo, Blake se refiere al programa ‘Por Arte de Magia’, que emitió Antena 3]. Que me parece muy bien que tú cantes y que tú bailes, pero que me digas que haces magia… ¡Menuda basura de programa! La prueba está en cómo fue: a la cuarta semana, lo dejaron de emitir.

En ese momento, yo tenía dos proyectos presentados en dos cadenas distintas; y me llamaron de una de ellas y me dijeron: “Te habrás dado cuenta de que no gusta la magia, ¿no?”. No, perdona, lo que no gusta es esa basura de magia. Y voy a tener que esperar todavía hasta Febrero o por ahí para retomar la historia, hasta que haya  habido un largo paréntesis de olvido de esa basura que se hizo. Es la ambición de los cuatro niñatos de turno que quieren salir en pantalla como sea, porque les salen más galas. Después, llegas a la gala y dices “Menuda m**rda de gala”, porque no tiene nada que ver lo que estoy viendo en la gala con lo que estoy viendo en televisión.

Y la historia queda mal. Y los que venimos abriendo camino, desde hace mucho tiempo, contando una historia, haciendo una obra teatralizada… nos encontramos ahora con estas patochadas. ¿Qué pasa? ¿Que vais a estropear ahora el trabajo que llevamos haciendo unos cuantos? Que Mago Antón lo lleva haciendo en Galicia antes que yo… Que Migue ha hecho una historia preciosa con un pianista de por medio… Que Jandro tiene otro número, también musical, precioso montado… ¿Tú te das cuenta del daño que hacen esos garrulos con esas basuras en la tele?

Que yo ahora pongo a Dynamo y le veo caminando por encima de las aguas. Y pongo a Criss Angel y le veo caminando por las aguas. Y llega el otro, con la famosa de turno, y le hace caminar por las aguas. ¿No es patético? ¿No es patético que haya tres lugares diferentes en el mundo que hagan el mismo número? Así, da la impresión de que lo puede hacer cualquiera… ¿Dónde está la magia? De verdad, prefiero al Mago Enmascarado, que por lo menos contaba con claridad y con descaro cómo se hacían las cosas…

Eso sí, de la misma manera te digo que hay magos que lo están haciendo estupendamente bien. Un ejemplo clarísimo es Mag Lari en Barcelona o Amilkar, con un espectáculo precioso, por cierto. Estamos hablando de gente con cuerpo, con salsa, con fundamento, con ensayo, con meditación del ensayo, con resoluciones lógicas de las cosas, con claridad y con limpieza de ideas.

Javier L. Noriega Madrid

Fotografías: El Taumaturgo y cedidas por Wepresent, S.L.

2 Responses to ENTREVISTA A ANTHONY BLAKE

  1. Rick Thibau dice:

    Una referencia de sinceridad y inspiración, gran Blake! Saludos desde Brasil!

  2. Un Amigo dice:

    Futuro proximo Miami?
    Esto es lo que el mismo mago Blake dice en otra entrevista.

    P: ¿Qué piensas del supuesto mentalista Tony Kamo que lo único que hace es chasquear los dedos? (Helmut Newton).

    R: Dejar tranquilo al pobrecito Tony Kamo que bastante tiene con estar viviendo en Miami.

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