ENTREVISTA A LUIS ARZA

Luis Arza es un mago asturiano nacido en 1953 afincado desde hace 11 años en La Peza (Granada) después de residir en Granada desde 1971 cuando vino a estudiar Farmacia. Comenzó en la magia en 1981 dedicándose profesionalmente a ella desde 1987. Ha sido vicepresidente del Círculo Mágico granadino por dos años y coordinador de actividades y profesor de la escuela durante 20 años también en el Círculo Mágico granadino.

En 2008 organizó las Jornadas Mágicas en La Peza junto con Gabriel Moreno y Luis García. Se trata de un pionero y referente del ilusionismo andaluz.

 

Ha sido el responsable de la formación de varios magos andaluces reconocidos hoy en día, como Inés la maga, mago Migue, Nolo, Juan Villarejo ó Mario López.

 

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Yo conocí primero a su alumno Marío López y la pista me llevó a Luis, su maestro. Y la pista era buena. Es un mago imprescindible para tener una visión lo más completa posible del panorama mágico nacional. Tengo la suerte de poder entrevistarlo y allá vamos:

 

P: Hola Luis. Vamos por el principio. ¿Qué es la magia para ti?

R: No me gusta poner apellidos a la magia como cómica, de escenario o cartomagia. La magia es magia y punto.

La magia ocurre en el espectador, en la transformación que sufre desde que entra hasta que sale del espectáculo, las emociones que ha sentido. La magia es inmutable, lo ha sido desde siempre, persiste desde la historia de la humanidad y por eso es un arcano mayor. El mago tiene un poder “sobrenatural” al cual quién no lo es no llega, así que o los demás son tontos ó el mago es sobrenatural.

La magia no tiene truco, igual que un carpintero no lo tiene: yo no soy capaz de clavar un clavo derecho sin machacarme un dedo porque no tengo la técnica del carpintero. Como mago tienes una técnica y un conocimiento por el cual eres un inductor de los espectadores para que vivan en un mundo distinto al que viven habitualmente, donde todo puede ser posible. Cuando todo es posible el truco deja de existir.

 

P: ¿Qué es un truquero?

R: Me lo pusiste a huevo. Los truqueros creen que la magia no es real, que no es verdad. Tú, con la técnica mágica, puedes ser desde estafador hasta tahúr, de jugador de ventaja hasta trilero, animador, payaso… ¿Por qué cualquier técnica de los magos no se va a poder emplear con otros fines? El truquero es esa persona que conoce el secreto, el truco, y cree que con eso hace magia, cuando lo único que hace es sorprender, pero igual que sorprende un niño chico. Yo veo niños de dos años que se chupan el dedo del pie y alucino. Bueno, es una sorpresa, pero no es magia. Yo creo que la magia tiene una esencia de poder, de autoridad y de conocimiento que te permite entrar en los recovecos de la mente para transformarla.

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P: En un momento de tu vida tomaste la decisión de dedicarte profesionalmente a la magia. ¿Se puede vivir actualmente de la magia?

R: Vamos a ver, yo creo que según lo que tú llames vivir. Yo desde 1987 vivo de esto. No puedo decir que no se puede vivir, pero me he tenido que privar muchas veces de cosas que no me daba para ello. En los 80-90 se podía sobrevivir mejor porque había más picaresca y los pubs medio pagaban bien hasta que les llegó la competencia. Conozco pocos magos medianamente serios, que trabajen el marketing y se cuestionen su trabajo como empresa, llevado por ellos ó por terceros, que les vaya muy mal. Magos como Jorge Blas, Inés, Anthony Blake, Areson, Juan Diego de Granada.

En cuanto a compaginarlo con otro trabajo, yo no soy capaz. El mundo del espectáculo es una selva y tienes que ser el mejor, requiere mucho tiempo como para tener otro trabajo adicional.

 

P: En tus espectáculos y conferencias creas un ambiente cercano. ¿Por eso no te gustan los teatros, hay demasiada distancia?

R: Bueno, a mí no me va. El ilusionismo es ilusión y estética, a ese nivel sí. Pero para la magia como tal no se ha sabido dar el paso para crear la atmósfera mágica en su esencia. En un teatro y, peor aún en una discoteca, es muy difícil. La gente dice: “dónde haya una gran ilusión, que se quite lo demás”. Pues vete tú a montar una gran ilusión en una cefetería. La esencia de la magia debe ser igual, aunque los medios sean distintos. Hay que prescindir de micros y efectos luces e invertir más en crear la atmósfera mágica. Yo no puedo entender a un mentalista con un rayo láser en un escenario. Lo entendería mejor con una vela de tal perfección que la sombra es tal que crea la atmósfera mágica. Los bailes que ponen en las grandes ilusiones no tienen nada que ver con la magia. ¿Qué historia está contando? Mete en la caja a su compañera y la parte por la mitad, bailando alrededor de la caja. A no ser que lo metas en un mundo mágico, como un sueño, dónde todo es posible, tienes que contar una historia. Que una carta cambie de color, ahora se puede hacer hasta por ordenador pero no es magia, sino habilidad. Cuándo hay una historia detrás, que no se coma el efecto, la trampa deja de existir.

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P: Eres un referente en la magia andaluza y española. ¿Quiénes han sido los magos que más te han influido?

R: Yo tiendo a ser una rata de biblioteca. Todos me influencian en algo. Pero tengo tres pilares básicos:

  • Miguel Aparicio, que me enseñó a tener pasión por la magia y esa estética en los movimientos. También me explicó todas las técnicas. Me enseñó más cosas, pero eso es lo que más impulsó.
  • Luis García me adentró en el conocimiento del mundo del chamán. Además somos de la misma generación, habiendo vivido la época hippie y la bohemia.
  • Gabriel Moreno también me influyó mucho con su concepto sobre el ensayo, basándolo en una forma de conocerte a ti mismo a la que él llegaba por vía zen. Decía que no había que estudiar una técnica para un juego, sino en general, para que te valga para siempre. Dice lo mismo que Ascanio con el “no hacer”, pero más radical. Si cuando estás cuadrando la baraja y tu actitud es la de cuadrar la baraja, se te queda una carta en la mano (ensayo), no has hecho nada especial. Si en un bar vas a coger un vaso con bebida no te planteas como hacerlo, lo coges y ya está, y te pones a beber. Igual con el gesto para pagar con una moneda. Si me veo todo eso y lo tengo estudiado por medio del ensayo, la trampa deja de existir. El no hacer vale tanto para cerca como para escenario. Si en salón bajo a ofrecer una carta al público y me la devuelven a la baraja, no necesito hacer ningún salto, si voy a subir las escaleras del escenario y lo voy a hacer de espaldas.

 

P: ¿Cuál sería el efecto definitivo que te gustaría conseguir?

R: No quisiera llegar a él nunca. Es el siguiente que se me ocurra. Todos los efectos van cambiando con el tiempo. Me gustaría que evolucionasen todos mis efectos.

Las adivinaciones son muy potentes, así que creo que el mentalismo está un poco por encima del resto. Poder decir a un espectador “piensa una cosa” y responderle sin que me la diga, es muy mágico. Hay acciones como cuando desaparece una moneda de tu mano ó cuando adivinas una carta que, por ser frecuentes, hacen que no nos demos cuenta de lo imposibles que son.

 

P: Mario López es uno de tus alumnos que ha aparecido con fuerza en el panorama mágico reciente. ¿Qué opinas de Mario y cómo lo imaginas a medio plazo?

R: Cuando conocí a Mario sabía hacer alguna desaparición y poco más. Es muy inteligente y está dónde está por méritos propios. Tiene una magia muy potente. Mario y yo nos parecemos pero no nos imitamos, al igual que yo soy tamariziano pero no imito a Juan. Yo a mis alumnos les enseño a transformar en arte todo lo que llevan dentro. Nunca les doy soluciones a la primera, les hago que ellos las busquen. Todos mis alumnos son distintos. Tuve un alumno, Tarres que ahora es físico de la NASA, con 17 años, que cada vez que se equivocaba se reía y rectificaba, saliendo siempre airoso de la situación, gracias a su buena actitud.

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P: Antes de dedicarte a la magia ya eras un buscavidas. ¿Cómo ha influido esa circunstancia en tu concepción mágica?

R: La magia sirve para todo. Cuando era estudiante alquilaba pisos a varios estudiantes y si no estaban amueblados me buscaba la vida para conseguirles también los muebles. Yo empecé a hacer magia para ligar. Lo importante es el fin. Si voy a una comunión sé que lo que quieren es que los niños les dejen tomarse un cubata a los adultos. Puedo involucrar a algún adulto en el espectáculo, pero el fin está claro.

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P: Te caracterizas por contar historias con magia. ¿Cómo las elaboras, tienes el efecto y le acoplas una charla ó partes de una idea sobre la que realizas el efecto?

R: Una rutina no sirve para nada. Sí, pero yo cambiaría la forma en que el autor ha hecho su rutina y no lo contaría con las mismas palabras. Si hay una puesta de sol y hay dos personas viéndola, a una se le ha muerto el perro y la otra está enamorada, la sensación que tienen al verla no es la misma. Yo para hacer un efecto nuevo tengo que tener algo que contar para subir a un escenario. Cuando manejas las técnicas, sabes en qué espacio escénico va a ser y con qué tipo de gente, cojo y lo monto. Sólo tengo dos juegos en los que acoplé un juego ya hecho a lo que quería contar:

  • El destino. Lo estudié y le he quitado detalles al original que venía con una carta entera y coincidían las dos mitades. Lo acoplé.
  • El ritual. Un efecto de Santiago de la Riba con el que me presenté a un congreso en Portugal en 1987. Lo retomé de golpe hablando un día con el mago Voty al hacérselo. Comencé a pulirlo, ya que antes lo hacía en la mano del espectador dándole a mezclar y lo cambié para hacerlo 100% seguro.

Pero lo habitual es primero mirar lo que quiero contar y segundo busco los medios.

 

P: Por último, dinos si tienes más afinidad por el personaje de mago con superpoderes ó por aquel al que se le rebelan los elementos.

R: Tengo la concepción de que el mago tiene que controlar. Aquello del chiste en el que llaman a la puerta de un mago y éste pregunta: ¿quién es?, “pues vaya una mierda de mago”. La cultura celta tiene unos duendes a los que todo les sale mal. Habría que buscar una respuesta a por qué las cosas se rebelan contra él. Pero es válido siempre que el mago sea un despistado. Pero no creo que el mago en un momento adivine el pensamiento y luego no sepa dónde está una carta. No hay magia a medias, al igual que no hay un robo a medias: o te roban ó no te roban.

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Muchas gracias, Luis. Un abrazo

Juan Carlos Herranz

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