ENTREVISTA A WOODY ARAGÓN

Woody Aragón: “La sutileza que tenemos los magos españoles fascina en el exterior”.

Simpático, natural, algo despistado, friki confeso… Capaz de fascinar durante hora y media con su magia a una pareja china que no habla ni español ni inglés y sin despeinarse (qué ironía…). Mente inquieta, creador de ilusiones y fantasías, de videojuegos y magias, de músicas y matemagias… Un trayecto que va de Emilio de Paz a Woody Aragón. O mejor, a Súper Woody.

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P – ¿Quién es Emilio de Paz y quién es Woody Aragón?

R – Es lo mismo. Hay gente que separa y tiene muy clara la vida normal de la vida de mago. No es mi caso. Yo elegí tener nombre artístico porque, en un momento de mi vida, tenía otra profesión (los videojuegos) y tuve una experiencia muy mala: vi al presentador Ramón García hacer magia en un programa de Fin de Año muy mal hecha, fatal. Y no me gustó que alguien que es famoso por otra cosa haga magia en público. Y pensé: qué pena que el público, que bastante prejuicio tiene hacia el mago, considere que la magia la puede hacer cualquiera.

Así que quise diferenciar, porque yo tenía un poquillo de fama en el mundo de los videojuegos y no quería que los que me conocían de hacer magia me conocieran de los videojuegos y viceversa.

P – ¿Y por qué Woody Aragón?

R – Porque Woody era mi mote en los inicios de Internet, en el IRC famoso, cuando todos los que estábamos por allí éramos frikies. A mí me gustaba mucho Woody Allen, había jugado mucho al Monkey Island, donde el carpintero se llamaba Woody… Así que fue como muy fácil a la hora de ponerme nombre artístico: mi nick y el apellido de mi madre.

P – ¿Y es distinto el personaje de la persona?

R – En mi caso, no. A veces hago un personaje para niños, que es el Doctor Aceves: cambio la voz, algunos gestos, digo cuatro tonterías… pero, en el fondo, también soy yo. No soy un actor, no creo un personaje. Si fuese a hacer una película, me criticarían por mi trabajo actoral, porque siempre soy yo. A mí me gusta que llegue la persona que hay detrás. Cuando actúo como Woody Aragón soy yo mismo.

P – ¿Y cómo es esa persona? ¿Qué tipo de magia intentas proyectar?

R – Lo mío no es algo que haga de forma consciente. Conozco algunos magos que sí, que buscan qué magia proyectar y, entonces, crean un personaje y un estilo. Pero para la gran mayoría de magos el proceso empieza por hacer la magia que nos gusta. Uno hace magia por hobby y empieza con la magia que le gusta. Y que te guste un tipo de magia en lugar de otro ya dice mucho de ti.

Al hacer esa magia que te gusta, encuentras una respuesta del público: hay una parte de ti que les entusiasma, otra que no… Y yo creo que eso es lo que moldea el personaje. En realidad, eres tú mismo pero, delante del público, desarrollas con la experiencia una serie de recursos que sabes que les va a hacer gracia, a divertir, a asombrar… Al final, lo difícil es que no salga la persona que hay detrás del personaje.

Creo que cuando un mago tiene problemas para comunicar su persona es porque no ha trabajado lo suficiente y tiene demasiadas capas, influencias… Pero es algo que se termina yendo. Si a mí se me terminó yendo el tamarizismo, eso es que se puede.

P – ¿Cómo fue el paso de mago amateur a profesional?

R – Para mí fue muy natural. Yo hubiese querido ser profesional en un primer momento y la vida me empujó a no serlo. Cuando de jovencito le dije a mi madre que quería ser mago, me respondió: “No hay cosa que sentiría más que fueras mago. Es una vida muy triste, por ahí en los pubs, hasta las tantas de la mañana, en lugares de mala muerte, para ganar poco dinero…” Y yo le decía: “Mira a Tamariz, que actúa en la tele y va a los teatros…” “Sí, pero Tamariz es bueno, hijo”, me respondió.

Ya me costó mucho dedicarme a los videojuegos, porque vengo de una familia donde no hay tradición artística o similar: mi madre tiene una tienda de verduras y mi padre es cocinero. Me pagaron la carrera de Informática porque sintieron que, si al final no funcionaba lo de los videojuegos, podría programar para un banco y eso les parecía más serio. Y nació Alcachofa Soft, y juegos como Dráscula o El Sulfato Atómico, y empecé a escribir guiones para los videojuegos, a dirigir doblajes, a componer la música…

En aquella época, la magia la tenía como hobby. Pero al empezar a trabajar en los videojuegos, comencé a viajar más a Madrid, lo que me permitió asistir todos lunes a la reuniones de la SEI, quedarme a la cena posterior y, luego, cuando aparecía Juan Tamariz, seguir toda la madrugada con grupito de magos como Alberto de Figueiredo, Miguel Ángel Gea, Alejandro Furnadjiev, Ricardo Rodríguez… Nos íbamos a un pub, a la casa de Juan, a su escuela… Y así fueron siete u ocho años con un crecimiento artístico muy grande.

P – ¿Y qué pasó entonces?

R – Que en un momento dado, empecé a presentar esas ideas que se me iban ocurriendo en materia de magia a otros magos, empecé a ir concursos, gané premios… y me empezaron a salir bolos que cogí como complemento a los videojuegos. Luego llegó un momento en el que casi ganaba el mismo dinero con una cosa que con otra. Y cuando la industria de los videojuegos evolucionó hacia algo que ya no me gustaba tanto, me lié la manta a la cabeza (creo que por 2004) y empecé a trabajar sólo como mago profesional, dejando lo otro. Y hasta ahora.

P – ¿Cuándo das el salto internacional? ¿Es algo premeditado?  

R – Para mí, el salto internacional ha sido un paso natural y, sí, completamente buscado. En un momento dado, España se me quedó pequeña: adoro dar clases y conferencias, hablar de magia con otros magos… Y llegó un día en el que vi que se me acababa porque en España no hay tantos clubs ni tantos lugares donde poder hacerlo. Así que decidí salir al exterior y, en 2008, me fui a concursar a Londres al MacMillan, donde conseguí una mención por mi rutina de Los Comodines.

Estando allí, me vio Obie O’Brien y me invitó al FFFF de Buffalo al año siguiente. Y, desde 2009 hasta ahora, soy uno de los fijos del FFFF. Y he seguido yendo al MacMillan, tanto para concursar como de asistente… Y creo que el remate fue en 2010-2011, cuando gané en dos convenciones en EE UU, incluido el segundo premio FISM Norteamérica como cartomago.

Gracias a eso, me vieron muchos estadounidenses y, tres meses después, salió mi libro A Book in English, que durante dos años ha sido el libro de magia más vendido en EE UU. En EE UU flipan, porque no están acostumbrados al estilo de magia española.

En este sentido, ¿cómo ves este nuevo boom de la magia española en el extranjero, con magos como Gea, Dani Daortiz o tú mismo? 

Es algo que tenía que llegar. Cuando Juan Tamariz, Pepe Carroll, Ascanio… montan la Escuela Mágica de Madrid y hacen aquel viaje, a principios de los 80, al Castillo Mágico, los americanos se vuelven locos con la magia española. Y esa escuela ha dado frutos. Lo que pasa es que, a unas generaciones, no les ha hecho falta salir fuera de España. La generación post Tamariz ha encontrado suficiente trabajo en España como para que no les hiciera falta. Lo suyo es un tipo de magia muy bueno pero que casi no ha salido de España.

Hace diez años, en EE UU se ponen de moda Dan & Dave y un tipo de magia como florituresca. Y, de repente, en un poco espacio de tiempo, aparecen Dani Daortiz haciendo tamarizadas, el propio Juan que vuelve a viajar fuera, y Gea, y Héctor Mancha que quizás no ha salido tanto pero que les deja alucinados, y estoy yo… Y es que ese tipo de sutileza que tenemos los españoles, esa picardía que dice Dani, les fascina. Es algo a lo que ellos no están acostumbrados y es como que lo están redescubriendo.

Así que, para mí ha sido muy fácil salir al extranjero. Así que, yo animo: Magos españoles, ¡conquistemos el mundo!

P – ¿De qué juegos o rutinas te sientes más orgulloso?

R – Hay tres joyitas que quiero mucho: Los Deletreos, que es un juego que tiene mucho de mí; la rutina de Los Comodines; y un tercer juego que no está terminado, Obertura en Dos Actos, que es un juego musical, con unas letras que aparecen los dorsos de las cartas y que creo que va ser muy bueno. Pero todavía necesita rodaje, pulirlo, añadir alguna cosa.

P – ¿Cómo es tu proceso de creación?

R – Depende del juego. Hay veces que encuentro un juego y empiezo a trabajar sobre él. Otras es una idea visceral que te viene a la cabeza o una técnica o similar. Y otras es una sensación, un algo que en realidad no viene de la magia sino de una idea de un libro, una película, de algo que te pasa en la vida… y que quieres plasmarlo en magia.

Con eso, monto una primera versión y se lo hago a los colegas, a ver si me llena. Si veo que sí, sigo trabajando en ella. Mis desarrollos siempre son durante mucho tiempo. Yo no publico algo que no haya estado trabajando al menos dos años. Y muchas veces son tres años, o seis o siete…

P – ¿En qué estás trabajando en este momento?

R – En miles de cosas. Si hablamos de juegos, estoy con dos: una versión de la Coincidencia Total que le quiero regalar a Juan; y otro juego que podríamos decir que es muy raro, que tiene su origen en una idea o sensación nacida en el cine y en el que nada es lo que parece.  

Además, tengo casi terminado el libro de mnemónica en inglés, que todavía me llevará tres o cuatro meses y es probable que publique en diferentes volúmenes; y otro de juegos en general que quiero publicar; un DVD de mi magia en general; varias vídeo descargas; un DVD con los juegos del espectáculo que Dani y yo hacemos a medias…

P – Y el Teatro Encantado, esa nueva aventura en la os embarcasteis hace un año en Madrid…

R – Efectivamente. Es un proyecto que nació ante la falta de un local para hacer magia de cerca con unas condiciones en las que, como mago y artista, puedas trabajar a gusto. Sin limitaciones de local, o de horarios, o imposiciones del dueño del local… En un momento, se me ocurrió la posibilidad de poner dinero entre varios magos y lanzar un sitio donde nosotros pusiéramos las condiciones. Y que fuera para magia de cerca, ésa que a la gente le gusta tanto pero que no todo el mundo ha tenido la oportunidad de ver, y menos una sesión completa.

Ahora, en el Teatro Encantado somos tres socios oficiales (Gea, Pepo Capel y yo) más Ricardo Rodríguez que, como ahora está en Chile, es socio en standby. Pero hay otros muchos magos que, sin haber puesto dinero, han colaborado para que este proyecto salga adelante y a los que estamos muy agradecidos.

Mientras esto dé para pagarse y para que los magos podamos cobrar de nuestro trabajo, seguiremos adelante. Entendemos que si nosotros, los magos de cerca, no hacemos nada para crear un público al que le guste la magia de cerca, dentro diez años nadie querrá ver magia de cerca simplemente porque no la conocerá.

P – ¿Y estáis creando ese público?

R – Creo que sí. En una primera fase, nuestro público principal eran otros magos, algo normal por el nivel de la gente que viene a actuar aquí y que hace que otros colegas vengan a disfrutar y a aprender. Pero, como los artistas se van repitiendo, ese público de magos ya dio paso al público profano. Y la verdad es que la temporada, estando en la época que estamos y con la crisis, ha sido muy buena. Ha habido mucho lleno y, sobre todo, mucha gente que venía movida por la curiosidad, que no había visto magia en su vida y ha salido encantada. Y que luego ha vuelto con amigos. 

TRES NOMBRES, TRES RESPUESTAS RÁPIDAS

Juan Tamariz. A día de hoy, y con todos los perdones para Arturo de Ascanio, Tamariz es el padre de la magia española, es el que ha generado todo. Es el que me ha generado a mí en una cierta forma y a muchos de los magos actuales.

Álex Elmsley.  La cabeza de la magia, la inteligencia. Siempre he pensado que me hubiera gustado conocerle porque admiro su forma de pensar. Yo leo algo de él y siempre digo: Me encantaría pensar como piensa este hombre… ¡Que mira que es fuerte eso!  ¡Querer pensar como otra persona…!

Theo Annemann. Esto es algo muy personal: lo que yo vivo con la magia de Annemann es visceralidad, magia muy sentida y en la que lo importante es lo que sale de dentro. A él le deba igual el método, a veces incluso optaba por lo más burdo y lo menos artístico, porque para él lo importante era dónde llevaba el efecto. Yo lo asocio a magia visceral.

 

Javier L. Noriega Madrid

Fotografías: ElTaumaturgo.

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