ENAJENATORIUM – ¡VIVA LA SEGURIDAD SOCIAL!

Un espectador nos envía una crítica sobre el espectáculo Enajenatorium, obra teatral interactiva que incluye efectos de magia integrados en la historia, patrocinada por la ginebra Hendrick’s y que actualmente se representa en Madrid capital, en el teatro Arlequín.

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Soy seguidor de la escena teatral española a la par que ilusionista aficionado así que, cuando apareció en cartelera una obra que juntaba ambas cosas, no dude en ir a verla.

La obra se llama Enajenatorium e iba con miedo, no por los sustos que pudieran darme (ya estoy curtido en ese tipo de espectáculos) sino por lo que pudiera encontrarme…

Para mi sorpresa me encontré con algo nuevo y fresco. Una actriz como la copa de un pino salió a buscarnos (al público) para introducirnos en el teatro por la puerta de atrás. La actriz, que interpreta un personaje de loca, no producía miedo sino ternura, a pesar de que regañara a aquellos que no la obedecían. Era como un gatito recién nacido que te araña pero que quieres proteger.

X, que es como se llama el personaje, nos dirige hacia las personas que nos van a guiar por el teatro (dos actores y dos actrices). El público es separado en dos grupos capitaneados cada uno por una pareja de actores, y a partir de ahí nos van a revelar por qué estamos allí.

Durante esos primeros 20 minutos me hacen soñar, disfrutar y creer en la enajenación, me llevan a un sitio donde me roban la capacidad de leer y a un invernadero donde se confunden los olores… Me hacen creer en un ser superior, el Doctor H…

Todo maravilloso hasta que, por fin, conocemos al Doctor H. Ante nosotros aparece un ser prepotente, falto de ritmo, torpe al hablar (se confunde y comete redundancias, signos inequívocos de falta de trabajo de improvisación) y que, desde luego, no es lo que se nos ofrece en la parte anterior de la obra. A Pablo Raijenstein (el Doctor H) le salvan los efectos de magia que realiza (esa magia de la que luego reniega… «No soy mago, soy mentalista»). No se da cuenta que no es mago ni mentalista, debiera ser el Doctor H.

En fin, vuelven a alejarnos del patio de butacas y nos adentramos en las entrañas del teatro de nuevo para que la otra pareja de actores nos devuelvan la vida, otra vez ritmo, otra vez misterio, otra vez alegría, chispazos, aparatos que sueñan con nuestra piel, la fantástica estancia del tiempo…

Y de nuevo abajo, para un nuevo show de magia por parte del Doctor H (por cierto, hacía tiempo que no veía un cruzado de manos, el que popularizó David Copperfield, tan mal hecho), para llegar a la enajenación de las enajenaciones: una levitación con desaparición en la que el mago tarda 5 minutos en llegar a su posición.

Es divertida y curiosa a pesar de todo. Al final de la experiencia,  Hendrick’s te invita a un gin tonic.

En resumen, si hay que ir al doctor, mejor a uno de la seguridad social que al Doctor H.

Abel Carpintero.

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