En Ocasiones Veo Técnicos

Seguramente habréis observado en alguna ocasión cómo los miembros de la propia compañía son quienes tienen que asumir las labores técnicas de su espectáculo. Sucede con frecuencia, sobre todo en los espectáculos de tipo diletante.

Si alguna vez os habéis visto enredados en semejante andamiada, bien porque teníais que pinchar la música de vuestras actuaciones, o colocar y retirar elementos involucrados en el cambio de la escenografía como sillas, veladores, etc. seguramente habréis descubierto la complejidad del mundo técnico y lo embrollado que resulta coordinar los pocos o muchos quehaceres no artísticos que acarrea cualquier actuación. El quebradero de cabeza es mucho mayor si lo que motiva nuestro trabajo es la idea de presentar un espectáculo fluido y limpio. Si lo conseguimos resolver sin morir en el intento el resultado será el disfrute de una actuación profesional y agradable de ver, además de conseguir mejor marketing del que podamos dotar a nuestra obra.

Tratemos de conocer un poco mejor a quienes desempeñan la función técnica y cómo es su trabajo. Cuando hablamos del técnico de teatro, o mejor definido, el técnico de espectáculos en vivo, lo estamos haciendo de un profesional, que a diferencia de hace algunos años, disfruta de un reconocimiento profesional como tal, con derechos y estatutos laborales propios y características y funciones bien definidas, las cuales se hayan legalmente recogidas mediante publicación en el Boletín Oficial del Estado. Este cambio en el reconocimiento de la profesión ha permitido la existencia de una formación específica en el sector y la consiguiente mejora en la cualificación del técnico lo que ha permitido la evolución de las Artes Escénicas y el poder presentar espectáculos cada vez de mayor sofisticación y calidad.

En la diversidad de áreas técnicas existentes en el Espectáculo encontramos profesionales provenientes de las disciplinas más dispares. No es habitual encontrar un iluminador que entienda de las labores propias de la sastrería y viceversa. Aun así hay una serie de funciones que sí son comunes para todos que se encuentran enmarcadas en el proceso técnico de elaboración de un espectáculo. Primeramente hay una fase de auténtica locura en la que, suavizada por una pensada labor de coordinación técnica, todas las áreas involucradas (maquinaria, utilería, luminotecnia, sastrería, regiduría…) emprenden de forma simultánea el montaje de los elementos que van a intervenir en la producción. Una vez que se ha estrenado el espectáculo, la cosa se tranquiliza y la labor del técnico continúa, esta vez ocupándose del mantenimiento, reparación, limpieza de su equipo y de atender a las acciones que sean de su competencia durante las representaciones (lo que se llama servir función). Una vez que todo ha terminado se hace inventario del material que se ha utilizado, se limpia y se almacena o en su caso se embala y se prepara para salir de gira.

A pesar de ser un trabajo tan romántico como parece la vida del técnico de espectáculo no es fácil. Todo el tiempo que transcurre desde el comienzo de la puesta en escena del espectáculo hasta que cae el último telón, ambos equipos, artístico y técnico, comparten momentos llenos de gratos recuerdos y anécdotas inolvidables pero también de situaciones de bastante tensión, provocadas por la presión que supone trabajar contrarreloj para llegar con todo el trabajo terminado a la fecha de estreno, y también por la responsabilidad de los posibles fallos que se puedan cometer. Todos esto hace que la gente de espectáculo (tanto artistas como técnicos) trabaje en un constante estado alterado de consciencia que te puede jugar una mala pasada si no mantienes en todo momento una actitud profundamente asertiva o como se le llama en el negocio «buen rollo». Por eso y por mil razones más que ahora no viene al caso explicar, es tan importante que nunca, nunca y nunca al final falten … ¡LAS CAÑAS!

 

Texto y Foto: Alberto A. Cruz

ilusionista, Iluminador y técnico de espectáculos.

www.escenamagica.wordpress.com

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